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CONCLUSIONES DEL CAFÉ FILOSÓFICO: "¿QUÉ ES LA FELICIDAD?"

Celebrado en la Asociación Sociocultural "ART-TÉ"
A Coruña - 24 de noviembre de 2005

Conducido por: JOSÉ ANTONIO LEIRA
                                JULIO GONZÁLEZ

Habíamos convocado este Café Filosófico proponiendo a los interesados en acudir que se inscribiesen previamente, votando por alguno de los cuatro posibles temas a tratar. A saber:

1.¿Qué es la Dignidad?
2.¿Qué es la Solidaridad?
3.¿Qué es la Felicidad?
4.¿Qué es el Diálogo?

Nuestra idea era reunir un grupo de gente interesada en dialogar más profundamente de lo que suele ser habitual sobre estas cuestiones. Teniendo en cuenta que se trataba del primer Café Filosófico celebrado en A Coruña, optamos por no concretar demasiado en el planteamiento de los temas, pues pensamos que eso podría generar en los potenciales asistentes la idea de que tal vez ellos tuvieran poco que decir sobre aquéllos. Al mismo tiempo, se trataba de "enganchar al personal", lo que probablemente no conseguiríamos de haber planteado las temáticas en términos menos generales.

De esos cuatro temas, el mayoritariamente votado fue "¿Qué es la Felicidad?". De los otros tres, el número 1 (Dignidad) y el número 2 (Solidaridad) fueron las opciones elegidas por dos personas cada uno. El número 4 no obtuvo ningún voto.

Como ya queda dicho, nuestro planteamiento previo era dialogar libremente sobre un tema concreto, intentando, a partir de las opiniones particulares y a través de la constitución de una "comunidad de investigación", poder acercarnos a la verdad de eso que llamamos felicidad.

Comenzamos presentándonos todos los asistentes cada uno a sí mismo, para lo cual José Antonio (Leira) sugirió el hacerlo de un modo desenfadado, a fin de vencer la timidez que pudiera planear sobre la reunión.

Hecho esto, el mismo JOSÉ ANTONIO LEIRA hizo una breve introducción al tema, exponiendo la intención general de lo que allí íbamos a hacer, haciendo algunas consideraciones generales sobre la felicidad y planteando algunas preguntas que, en relación con el tema, valdría la pena intentar contestar. La brevedad de las introducciones se justifica por la opinión compartida por José Antonio y Julio de que el café debe servir para que sean los asistentes quienes contribuyan. Ellos son los protagonistas, nuestra labor como conductores, animadores, directores, moderadores… o llámese como se quiera, debe limitarse en principio a abrir sendas, mostrar caminos… Pensamos que una exposición demasiado larga podría ser interpretada por los asistentes como una "conferencia" o "charla" en la cual los especialistas lo que hacíamos era sentar cátedra, abortando así toda posibilidad de participación activa.

Al mismo tiempo, consideramos necesaria la introducción como estimuladora de la reflexión de los asistentes.

A continuación, JULIO GONZÁLEZ también hizo una pequeña introducción en la que aclaró el interés que podría tener el considerar la felicidad desde un punto de vista universalista, como un bien de la humanidad al que todos podemos (¿podemos?) contribuir.

Inmediatamente JUAN (quien amablemente nos cede el local) pone freno a estas veleidades globalizantes planteando que más allá de estas consideraciones, él lo que pretendía era saber qué es la felicidad. En este sentido, fue muy interesante su aportación por cuanto nos puso en contacto directo con aquello para lo que estábamos allí.

Propuso entonces José Antonio comenzar partiendo de la experiencia individual de cada asistente para luego poder trascender esa individualidad y adoptar un punto de vista más general. Según su opinión, la felicidad es indisociable de la felicidad de aquellos que están unidos a uno por lazos afectivos.

Lo que sigue es un resumen de las aportaciones hechas por cada asistente.

Así, empezó JUAN señalando que para él la felicidad estaba asociada a determinadas sensaciones, relacionadas a su vez con logros concretos (de carácter artístico en su caso). En este sentido, él entendía que la felicidad era un estado pasajero, algo en lo que todos los asistentes coincidieron. En relación con esto, hicimos aquí un pequeño inciso para referirnos a la "lucha de contrarios" o "guerra de opuestos": sabemos de la felicidad en tanto sabemos de la infelicidad (parece un juego de palabras, pero no lo es: lo blanco es blanco porque hay otras cosas que no son él y que no son blancas)

También ÁNGELA concibe la felicidad como un sentimiento asociado a la búsqueda de la realización de determinadas metas, pero añade un matiz interesante: la felicidad estaría posibilitada por la búsqueda tanto como la consecución de esos objetivos, por lo que habría que hablar siempre de una felicidad relativa (a logros)

ISAAC plantea que la felicidad es posible con independencia de la felicidad de las personas de nuestro entorno: uno puede ser feliz aunque aquellos a quienes ama no lo sean. La felicidad no depende de nada ajeno al propio individuo, sino que más bien depende de los contenidos de conciencia de cada uno, señalando que más que hablar de ser feliz, deberíamos hablar de "creer uno que es feliz". No hay una felicidad "objetiva" que uno pueda alcanzar: sólo somos felices cuando somos conscientes de que estamos siendo felices. En este sentido, la felicidad tendría más que ver con la consciencia que con la conciencia.

ROY considera la felicidad como una especie de "balance vital" entre las experiencias positivas y las negativas. Cuando a lo largo de mi vida pesa más lo positivo, hablo de felicidad, cuando lo negativo, hablo de infelicidad. En cualquier caso, queda patente que también su concepto de felicidad apunta directamente a la subjetividad. Evidentemente, lo que nos rodea influye en gran medida en lo que consideremos positivo o negativo, pero el balance siempre se reserva a uno mismo.

A continuación, CARMEN expone su idea de que la felicidad emana de uno mismo. No es preciso ni ser consciente, ni hacer balances, ni siquiera un entorno determinado o unas experiencias desencadenantes, sino que la felicidad aparecería como un estado interior consistente en conocerse a uno mismo, afirmándose en la autencidad y en no radicar mi verdad en el tener o el hacer.

En este punto, interviene MARIAN para plantear una cuestión: ¿por qué la felicidad se asocia normalmente al tener? Para exponer su concepción de la felicidad, recurre al tópico de que "no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita". Esta apreciación abre una nueva senda en el diálogo.

SERGIO apunta que para él, que los momentos de felicidad serían momentos no determinables, de ahí la dificultad de intentar delimitar el concepto. La felicidad sería más intuida y vivida que pensada o conseguida.

Intervinimos aquí para hacer notar que sólo podemos plantearnos el ser felices cuando tenemos nuestras necesidades supervivenciales cubiertas, cuando nuestra propia existencia está libre de peligro. De este modo, se abre la posibilidad de considerar la felicidad en contextos en los que esas necesidades básicas no tienen una cobertura garantizada, lo que nos obliga a todos a plantearnos la cuestión en términos no personales.

En este sentido, CRISTINA relaciona la felicidad con lo que (según J. A. Marina) podríamos llamar "estilos afectivos". La felicidad, en última instancia, depende del modo genérico que cada uno tiene de interpretar la realidad. Independientemente de las circunstancias, si uno es "optimista", tendrá más posibilidades de sentirse feliz, mientras que el "pesimista" difícilmente conseguirá alcanzar un estado ni siquiera cercano a la felicidad.

A esto añade JACOBO que la felicidad, para él, está relacionada con el contexto cultural, con el modo en cómo la sociedad en que cada uno vivimos entiende la felicidad : en culturas distintas, conceptos distintos de felicidad. En situaciones en las que a nosotros nos resultaría imposible ni siquiera soñar con la felicidad, otros individuos, culturalmente distintos, son capaces de conseguirla.

[Falta aquí la opinión de Carlos (el chico de Betanzos), que yo no recogí y por más que lo intento, no logro recordarla. Te agradecería que la incluyeras si tú la recuerdas o la tienes anotada en algún lugar...]

Finalmente, se sumó al diálogo PABLO, quien había estado en otras ocupaciones, pero, según él, escuchando atentamente lo que hablábamos, y su intervención fue de lo más satisfactorio para nosotros (desde una perspectiva narcisista, claro): según él, estuvo toda la noche oyéndonos hablar de felicidad y había llegado a la conclusión de que la felicidad era eso que se estaba produciendo en aquel momento. Queremos pensar que conseguimos transmitir nuestro entusiasmo e interés incluso a aquellos que no estaban formando parte del grupo inicial, lo cual nos llena de alegría y satisfacción.

Algo en lo que también coincidieron todos los que intervinieron fue en la consideración de la felicidad como algo que se podía vivir en solitario, lo cual nos hacía plantearnos continuamente la idea de que la felicidad era algo que pertenecía a la intimidad del ser humano.

Conviene aclarar que este resumen recoge de modo general las intervenciones que se fueron sucediendo a lo largo del café, pero eso no quiere decir que se hayan producido exactamente en este orden ni se hayan limitado a lo aquí expuesto. También conviene aclarar que contamos con más asistentes que se fueron sumando, pero que se abstuvieron de intervenir. Todas las intervenciones expresaron algunos puntos de vista comunes. Por ejemplo: la consideración de la felicidad como emanando de uno mismo, su carácter temporal, cierta influencia del entorno...

Para finalizar, y dado que previamente habíamos puesto en claro que todos somos filósofos, hicimos mención a cómo había asomado el Estoicismo, Sócrates, Hume, Aristóteles... a lo largo del diálogo en las exposiciones de los asistentes. Planteada la posibilidad de seguir con esta actividad, todo el mundo se muestra de acuerdo en el interés que tendría hacer más cafés filosóficos, por lo que nos hemos citado ya para el próximo jueves, día 15 de diciembre de 2005, a las 21:00 horas en el mismo lugar, para dialogar sobre alguno de los siguientes temas: dignidad, solidaridad, diálogo o amistad. Los asistentes propusieron también temas para tratar en futuras reuniones: Religión vs. Ciencia; Amor; Drogas/Adicciones;...

Teniendo en cuenta cuáles eran nuestras expectativas e intereses y valorando los resultados, se puede decir que el desarrollo del café fue altamente satisfactorio. Nos habíamos planteado como objetivo el dialogar tranquila y libremente, y lo que allí se produjo fue un diálogo libre y tranquilo. A partir de aquí, si conseguimos mantener un grupo mínimo estable (más o menos), estamos seguros de que iremos ganando cada día en profundidad en el análisis. Pero eso hay que dejarlo en manos del tiempo. El pretender forzar la profundidad analítica por nuestra parte podría conducirnos, o bien a que por no "llegar al nivel", el público se vaya desligando de la actividad, o bien nos conduciría a convertir el Café Filosófico en una tertulia de "intelectuales", con lo que el camino de vuelta de la filosofía a su encierro en las instituciones académicas estaría iniciado.

Es importante dar libertad a las personas, y ellos mismos ganarán confianza para intentar dar cada vez saltos más altos (o más profundos, según se mire)

Saludos cordiales

JOSÉ ANTONIO LEIRA
JULIO GONZÁLEZ

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